lunes, 7 de diciembre de 2009

El Adversario (...los ojos en otro cielo)


El adversario desaparecía en la arena
y gravitaba oscuros asteroides en la palma de su mano
como se del destino se tratara
flotando en una copa llena de whisky.

Ante esto,
Adrian veía el horizonte girar sin control,
una pira humana que se expandía en sus pensamientos más recónditos.

Construyó un laboratorio tremebundo,
un imperio epidérmico
donde fraguar epidemias de organismos textuales
por descomposición elíptica,
artificios psicóticos de un verbo trans-apocalíptico.

Aun así,
imágenes del adversario,
en grises pompas de jabón,
llegaban en ciclones de coral,
con un ejército de lirios refractarios.

La maquinaria del laboratorio comenzó a colapsar
en nerviosas gotas platinadas, infinitas espadas cortadas.
Escarabajos dibujaban con crayones
soledad tribal en cada cable.

Adrian intentó una armadura de prismas vírgenes
que develara relámpagos de terciopelo asincopado,
esmeralda.

Pero el adversario tronaba,
de ecos alterados quimicamente,
los ojos en otro cielo.
Se acercaba.

Adrian, desesperado,
pulsó la tecla de la última computadora en funcionamiento.
Esta imprimió solo una frase:

Dios es un número paranoide.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Vacíos pornográficos


"My body is a cage"
(The Arcade Fire)

Todos estaban muertos.
Aun así, mi vida resplandecía, inmune a los rayos del sol.

Un día disparé a las huestes aladas
y embriagué los manantiales con unicornios, espirales,
mariposas blancas que caían hipnotizadas
con cada impacto.

Comenzó entonces
un diluvio infinitesimal que abrió
las últimas puertas insomnes de la tierra,
su eje derribado:
turbulentos girasoles morados,
marionetas locas apenas insinuadas por la gravedad,
larvas metálicas enredadas a nivel subcutáneo.

Algo canbió en mí,
como un rompecabezas con defectos de fábrica.

Fuí tentado por el vaivén del Kraken,
la fe en la destrucción del ánima.

Conjuré el vacío
como a un tierno garabato radioactivo,
el universo que respiraba muerto
el frenesí de un rabioso amarillo.

Vientos huracanados golpearon mi territorio opaco,
mi nombre fracturó su médula,
mi barco encalló en orillas primigenias.

Me encontré ansiando pinceladas que dieran otra vida,
nuevas líneas a la palma de la mano.

Cuando pude mantenerme en pie
tuve que reconstruir mi cuerpo
en base a cuentos y versos,
la sensación de ser ajeno.

El polvo de los ángeles me proporcionaba
tinta para libros de belleza hierática,
fungiformes.

Tipee estados vegetales,
estados alterados de nocturna
y piedra natura.

El mundo se despojó de su velo.

Todos seguían muertos.


domingo, 11 de octubre de 2009

Performance: los papeles siempre salen volando


Adrian enciende las mayólicas del baño
y encuentra un gusano/animal de lado metálico.
Escribe sobre él, modifica sus vértebras hacia riberas de niquel.

Una máquina imprime nerviosa verbos premonitorios, petalos subterráneos.
Perfuma el infinito con gaz mostaza.

El techo es un firmamento de vaivén asmático.
De él bajan diáfanos juguetes pletóricos de rabia.
y se columpian niños bomba envueltos en papel de arroz.

Un megáfono anuncia nuevas cámaras de gas.

Papeles en blanco vuelan por toda la habitación.
La máquina gruñe en los reflejos de un sol etílico que se cuela por las cortinas.
Emite textos bacteriales como un bisturí que abre un astro:
un diluvio nuclear bajo la cama.

Adrian baila primitivo y se encierra en los papeles en blanco.
Corta sus brazos con caramelos ácidos.

El gusano/animal gime por más,
mutila la clarividencia y los artificios.

Adrian rompe los espacios en blanco con un alicate.

Dios es una bacteria feroz, una bomba de tiempo,
proclama el megáfono.

sábado, 10 de octubre de 2009

Performance: Niña en Oz


"Haces de mi vida un juego para armar"


Lulú se colimpia, una pastilla caza colibrís en su lengua,
un revólver merodea su frente,
jugando transparente con sus otros colores.

El infinito se apaga como su último cigarrillo
en las piedras doradas del camino.

El castillo se derrumba a la distancia.

Lulú suelta el columpio
y el oxígeno estalla en temperas y crayolas
que la bañan entera.

el equilibrista


la penumbra hecha con crayolas,
donde el equilibrista navega cumbres de aluminio.

el cenicero dorado donde reposa su alma ciega,
máquina opaca,
dinamita celeste.

la luz fracturada que infunde pánico en sus pasos diezmados.

las cavidades anómalas, parafinadas,
donde anidan las torcidas venas de su cuello
como peces desconocidos.

y esperar la caída musical
en detalles ingrávidos,
en bamboleo numérico

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fiebres del Kilimanjaro


"la violencia es un tipo de imaginación"


Fiebres del Kilimanjaro,
reflejos que asemejan cuerpos en las esquirlas;
Fiebres del Kilimanjaro,
células cual espantapájaros en pastos de mercurio;
Fiebres del Kilimanjaro,
texturas de morfina que gotean como lámparas chinas
y navegan por ríos de cobalto.

Veo plantas de aluminio,
espejos de magia sombría,
neural.

Fiebres del Kilimanjaro,
vapores de una jungla de tungsteno en el pecho,
colores derrotados por bichos acuáticos
que forman colonias en mis cartílagos.

Veo sonidos en metástasis.

Fiebres del Kilimanjaro,
el frío florece en hadas dispuestas a exterminar.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

AcuarElas


Taciturno el dios pinta con crayolas
en las praderas, el cristal y en las pompas de jabón, la mala semilla;
el brillo velado, el azul del basalto
lo dibuja en el horizonte trastocado,
dando a cada símbolo
un vértigo antediluviano
de niños acuáticos y tonos metálicos.

En las aves despierta el desasosiego,
ópalo en sus entrañas que lleva a sus plumas
números devastados,
iridiscentes elipses que cavan cretásicas.

Por ejemplo,
el colibrí se difumina en pétalos mecánicos.

El juego consiste en tirar espacios en blanco cual dados,
sinfonías agrias,
tornar líquido el cuarzo
Y verterlo en los vasos.