
Y desde el éter,
inamovible el camino de hierbas obscuras,
sendero del corazón vestido de amargura:
el visionario brillo saturado
de tu propio lupanar
como el incendio de un bosque
que llama tu nombre.
No es melancolía
ni amor.
Es la puerta a ciertas realidades
bordeando la nada y la catástrofe.
Utilízala.
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